PROCLE, Vistiendo cuerpo y almas

PROCLE, Vistiendo cuerpo y almas

Por:
5 octubre 2017 | +

En las buenas y en las malas, haya paz o guerra, desde que llegas hasta que abandonas este mundo, tienes que vestirte… Mejor o peor, pero te vistes, y esa verdad iluminó a Caridad Luisa Limonta Ewen y la llevó a crear un negocio familiar que destaca como ejemplo de emprendimiento bien pensado.

Fundada en 2008, la Productora Comercializadora Luisa Ewen (PROCLE) se dedica a los artículos textiles y lencería para el hogar y para diversos clientes, como paladares que les encargan uniformes, mantelería y delantales, o casas de renta que les piden juegos de sábanas y avituallamiento.

En un pequeño local rentado a la Federación de Mujeres Cubanas en una esquina del estratégico parque Lennon, PROCLE brinda además servicios de atelier, confecciones a la medida, arreglos y modificaciones para clientes de todos los géneros y edades. Una idea fenomenal, oportuna, visionaria.

Claro, Cary siempre tuvo claro nunca haría un negocio per se, porque sabía que en el “cuenta-propismo” la improvisación es fatal. Por eso le apostó a algo con mercado, que le gustaba y conocía: Cary estudió ingeniería en Kiev, dirigió una fábrica de artículos de aluminio y fue viceministra de la Industria Ligera, hasta el día en que su corazón le advirtió que debía cambiar de aires.

Fueron tiempos duros, de un traspié tras otro, a cuál más doloroso, pero al final Cary piensa que todo pasa por algo. Era respetada y buena en su trabajo, pero el estrés era mucho, y decidió priorizar su salud. Así que un buen día sacó la maquinita de coser que su madre le había regalado, y comenzó a arreglar y adaptar ropa reciclada, que compraba a precio de ganga en las “shopi-trapo”.

Aquello se le daba bien. Tenía arte para convertir pitusas en jabas, sábanas en vestidos, armar pintorescas sobrecamas… Pronto ofertaba un abanico de productos para todos los bolsillos y tallas, algo que agradecieron las mujeres robustas, esas que padecen para conseguir ropa bonita. Además, todo lo que confeccionaba era indiscutiblemente exclusivo.

Cuando el negocio avanzaba viento en popa, al punto que lo expandió a las provincias orientales, Cary debe someterse a una delicada operación coronaria, su segunda, y su esposo sufre un infarto.

El tiempo en frenó para cuidar la salud familiar, lo dedicó también a repensar su proyecto, y tras pasar el taller “Cuba emprende”, vuelve al ruedo con nuevos bríos.
De entrada, apostó por rescatar algo que se había perdido en Cuba, un buen servicio de atelier, donde lo mismo podía vender sus creaciones, que entallar, poner un zipper o coser una cortina por encargo… Gana clientes en un contexto más favorable, estrecha alianzas con otros negocios del sector no estatal, y le agrega una impronta comunitaria al suyo.

Por ejemplo, le aporta la recortería a una emprendedora que hace juguetes, hace donativos a una parroquia en Lajas, empleó a dos costureras jubiladas, auspicia reuniones entre psicopedagogas y clientes, involucra a personas que padecen alguna enfermedad, que al saberse útiles levantan su autoestima y miran la vida con mayor optimismo. Amén de sanear la imagen del trabajador por cuenta propia, Cary honra así la memoria de su madre.

Precisamente de Luisa Ewen heredó Cary el carácter emprendedor, el rigor y la voluntad. De hecho, cuando aún era cuadro predicaba con el ejemplo y tenía moral para exigir, por eso sus trabajadores la seguían. “La persona es el elemento fundamental. Si la atiendes, el negocio irá bien”, concluye Cary, que despide a Negolution con otra celebrada marca de la casa: su sonrisa.

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedIn

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *